Intolerancia al huevo ¿De verdad?

Como ya sabéis, #ElChiqui es intolerante al pollo, no es alergia sino intolerancia y ya lo he contado en dos post diferentes que podéis ver aquí y aquí. Pues cuando comenzamos a introducir la yema de huevo a #Nona sucedió el mismo patrón que vivimos con #ElChiqui y el pollo, y aquí os cuento:

Como sabéis, cuando se inicia la alimentación complementaria, a partir de los 6 meses de edad, se comienza con frutas, verduras, luego vienen las proteínas y, en el caso del huevo, la recomendación es comenzar con yema cocina antes que la clara. Iniciamos con un cuarto de yema y fuimos aumentando hasta llegar a la yema entera, la cual triturábamos junto con algún puré de verduras que #Nona ya estuviese tomando habitualmente. Esto mismo hicimos con #ElChiqui en su día.

Al principio, todo iba bien, pero la segunda vez que le dimos una yema entera, aproximadamente un par de horas después, ella comenzó a vomitar y a ponerse mala. Como era la primera vez que le pasaba algo así, la llevamos a urgencias porque no imaginamos que tuviese que ver con la comida y, la verdad es que ella estaba bastante descompensada. Ahí nos dijeron lo habitual en estos casos: que tenía una gastroenteritis. Le comenté al pediatra que nos atendió que ella había tomado yema y me dijo que era raro que tuviese que ver porque, por lo general, lo que más da problemas es la clara; pero que no descartase nada. Me recomendó esperar un par de semanas y volver a probar.

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Pasaron las dos semanas recomendadas por el pediatra de urgencias y decidimos volver a intentar darle una yema entera, nuevamente mezclada con algún puré que estuviese tomando, y la reacción fue exactamente igual. Entre dos y tres horas después, #Nona comenzó a vomitar y descompensarse. No tuvo ningún síntoma más. Como teníamos la experiencia del pollo con #ElChiqui, y la reacción era idéntica, no dudamos de lo que estaba pasando. Casualmente por esos días estábamos con las últimas pruebas del pollo de #ElChiqui, con lo que aproveché y pregunté a su alergóloga, y ella me dijo que llevase a #Nona a consulta para hacerle un estudio.

El estudio primero consistió en descartar alergia al huevo, con las pruebas esas que hacen en el brazo y analíticas de sangre. Todo salió negativo, lo que reforzaba nuestra hipótesis de que no se trataba de ninguna alergia, sino de una intolerancia. Pero, debíamos pasar por el procedimiento habitual. Luego de eso, nos citaron a la prueba de provocación con la yema en el hospital. Al igual que hemos hecho con #ElChiqui, esas pruebas consisten en darle el alimento al niño ahí en el hospital y debemos pasar toda la mañana ahí en observación, junto al personal médico atento por si ocurre alguna reacción.

IMG_3653El día de la prueba, #Nona se tomó todo su puré de verduras con yema cocida. Estuvo muy bien mientras estuvimos ahí, hasta durmió una larga siesta. Al final de la mañana, sin presentar reacción alguna, nos dieron el alta. No obstante, debíamos estar atentos las próximas 24 horas. No tuvimos que esperar tanto, pues al subirse al coche, #Nona comenzó a vomitar sin parar, así que la llevamos a urgencias para estabilizarla y confirmamos nuestras sospechas. #Nona es intolerante al huevo, al menos a la yema. Ahora debemos esperar un año para repetir las pruebas y ver si ha logrado superarlo, que es lo habitual que ocurra. Mientras tanto, no puede tomar nada que contenga huevo.

Y vuestros peques ¿Alguno tiene alguna intolerancia? ¿Cómo lo llevais?

#PlanesConNiños: Café del Rey

Es verdad que en Madrid no hay playa, aunque no faltan embalses, piscinas, ríos, parques con chorritos, etc. También podemos pensar en las cafeterías de El Retiro como chiringuitos de playa y así sentirnos más cerquita de la sensación de esa sensación. Pero si lo que quieres es realmente sentirte en un verdadero ambiente playero, con arena incluida, lo que debes hacer es visitar Café del Rey.

Ubicado en el Paseo del Rey 22, justo detrás de Príncipe Pio, se encuentra este restaurante, cafetería y coctelería donde se puede tomar el desayuno, comer y hasta tomarse unos buenos mojitos al final del día. Su ubicación es perfecta porque, si no consigues donde aparcar en la calle, puedes hacerlo en el centro comercial; y si no vas en coche, tienes la estación del Metro ahí mismo también.

Nosotros hemos ido a comer y la comida es deliciosa, con una oferta variada que permite complacer cualquier antojo, una presentación de platos impecable, buenos sabores y precios más que correctos, tomando en cuenta la calidad de todo.

No sé cómo es en otra temporada, pero nosotros descubrimos este lugar en verano y puedo decir que la terraza es increíble. Tiene una zona con suelo de madera y a los laterales cuentan con un espacio en el que han puesto un suelo de arena, arena de playa, sombrillas y tumbonas como para sentir que estás en cualquier lugar de la costa. Lo mejor es que esa arena es perfecta para convertirse en zona de juegos para los peques, mientras los adultos disfrutamos tranquilamente de nuestra velada. Además, por si fuese necesario, justo al lado hay un parque infantil, que no es del local pero solo lo separa una pequeña verja.

Lamentablemente se me ha pasado visitar los aseos, así que no puedo contaros cómo es la adaptación de los mismos para familias con niños, prometo hacerlo la próxima vez que vaya y completar este apartado en este mismo post.

En definitiva, es un local que recomiendo al 100% y que seguramente repetiré muchas veces. A ver cómo me sorprenden en otoño.

Y tú ¿Ya conoces Café del Rey?

#PlanesConNiños: Cake Factory Cafe

Desde hace tiempo quería escribir sobre este local, pues es un fijo nuestro para los días que hace más calor, y para los días fríos y lluviosos de invierno. Cake Factory Café es una franquicia de cafeterías que actualmente cuenta con tres locales, dos ubicados en Collado Villalba y otro en el Centro Comercial Espacio Torrelodones, este último es el que nosotros conocemos.

Ellos se definen como un lugar de encuentro familiar y la verdad es que así es. Se trata de un restaurante-cafetería en la que los adultos podemos disfrutar de un buen café y desayuno, y también de comidas, mientras nuestros peques juegan en el parque que se encuentra en el interior del local.

La oferta gastronómica es variada. Para nosotros, lo mejor son los desayunos, pues están bien ricos y su precio es más que correcto. Además, te da la posibilidad de pasarte toda una mañana entera ahí mientras tus hijos disfrutan del área de juegos; la cual, vale decir, es de uso gratuito. A la hora de la comida la oferta se basa en comida sencilla, con influencias del estilo tex-mex, pero sin resaltar mucho. Tienen dos menús al medio día, uno normal y otro mexicano. Lo malo es que, por una razón que todavía no logro entender, tienen como política que los comensales no puede compartir platos del menú; es decir, que si mi mujer se quiere comer el primero y yo el segundo no te dejan, sino que cada uno tendría que pedir medio menú, el cual obviamente es más caro. Este aspecto creo que deberían mejorarlo, se trata de brindar una mejor atención a los clientes.

La decoración del local es un poco ecléctica, sin destacar un estilo en particular y con un mobiliario muy parecido al de Vips. Eso sí, la zona infantil sí está decorada con temática acorde a ese espacio. También cuentan con un reservado donde se pueden celebrar cumpleaños y demás eventos. Ahí celebramos los dos años de #ElChiqui hace un año.

FullSizeRender (50)El parque está adaptado para todas las edades, pero no para bebés, y si coincides con algunos niños que yo llamo “terroristas sin padres” tendrás que pasar toda la velada pegado al parque para que no vaya a resultar herido tu hijo. El restaurante no posee monitores ni se hace responsable de los niños en esta zona, lo cual me parece que está bien porque cada padre debemos hacer lo nuestro y, además, no cobran un plus por el uso de ese parque. Junto al parque hay una zona de videojuegos, con un par de televisores y consolas, que no hemos utilizado porque nuestros hijos están aun muy peques, así que no puedo contaros nada sobre eso.

Finalmente, como siempre, debo decir que al ser un lugar de encuentro familiar, no podían faltar los aseos adaptados para nuestros peques, con cambiadores y todo lo necesario para ellos.

Asi que ya sabéis, si estáis por la zona noroeste de Madrid, tenéis una muy buena opción de ocio en Cake Factory Café.

¡Un papá normal está de vuelta!

img_7945Llevaba varias semanas desaparecido por aquí. La verdad es que la situación que vive mi país (Venezuela) y mi cambio de trabajo han sido los dos motivos que me han mantenido alejado del teclado. Ganas no me han faltado, pero cada vez que había decidido sentarme a escribir pasaba una de dos cosas: o siempre surgía algo que me distraía de mi objetivo o simplemente no me salían las ideas tal como quería plasmarlas y, para escribir una mierda, prefería no hacerlo y esperar a que los ánimos y la concentración llegasen de forma más permanente. Al final, este es un espacio de ocio para mí, un hobby del que no vivo y, como todo hobby, debo practicarlo cuando me plazca.

No obstante, lo anterior no quiere decir que no se sigan produciendo eventos en mi vida como padre que quiera compartir por aquí. Así que intentaré hacer memoria de todas esas ideas que había tenido y comenzaré a recuperar mis post de forma regular y rutinaria. Como estamos en verano, seguramente estos primeros días de vuelta a la rutina de publicaciones se las dedique a mi sección de #PlanesConNiños, ya que hemos hecho varios planes que merece la pena compartir y lugares que todos debéis conocer.

Así que, con este pequeño escrito, informo que retomo mi actividad por aquí. Me parecía poco cortés retomar los post sin hacer una breve explicación de mi desaparición ¡Hay Un Papá Normal para rato!

Compartir y no compartir… he ahí el dilema

En días pasados, y en este empeño que tenemos algunos padres porque nuestros hijos deben compartir con los otros niños, una amiga me dijo que ella no entendía por qué los niños tenían que compartir sus cosas con otros niños y por qué los padres debíamos empeñarnos en ello ¿Acaso nosotros vivimos compartiendo nuestras cosas? La verdad es que más bien poco, oye que yo no ando prestándole mi móvil a mis amigos, ni mi coche, ni mi ropa, etc. Cuando escuché esas palabras de mi amiga pensé, oye quizá tiene razón, quizá ese afán nuestro de que los niños tienen que compartir no deba ser así en realidad y hasta llegué a decirle que estaba de acuerdo con su afirmación.

Pasados unos días, seguí con el tema en la cabeza y viendo los líos que arman mis dos hijos por no querer compartir, me replanteé mi apoyo a aquella afirmación dada por esa amiga mía. Así que quise escribir este post para contaros a las conclusiones a las que he llegado al respecto:

Inicialmente debemos situarnos en dos ámbitos diferentes, pero complementarios. El primero de ellos tiene que ver con la etapa del desarrollo en que se encuentran nuestros hijos y el segundo trata sobre los valores que queremos inculcarles.

Desde el punto de vista del desarrollo psico-social, durante los primeros meses de vida, nuestros hijos se caracterizan por tener un pensamiento egocéntrico, sobre todo si son los primeros hijos pues nosotros los padres nos encargamos de reforzarles constantemente que ellos son el centro de nuestro mundo; y si existe un hermano, entonces ese egocentrismo irá enfocado a tratar de llamar nuestra atención cada vez que la tengamos puesta sobre el hermano. Eso es así y, por más que nos empeñemos que sea de otra manera, su nivel de desarrollo psicológico todavía es muy inmaduro como para comprender o adoptar otro comportamiento.

Debido a lo anterior, entonces vemos como nuestros hijos son capaces de pasar mucho tiempo jugando solos y, aunque les pongamos junto a otros niños, la interacción entre ellos será nula en cuanto a colaboración se refiere. Durante los primeros meses de vida, nuestros hijos buscarán el contacto con otros, pero solo como forma de reconocerse, de explorar su entorno, de sentirse seguros en compañía de otros; pero no porque les interese una interacción colaborativa propiamente. Esa capacidad se va adquiriendo progresivamente, y conforme la vamos enseñando, y comienza a hacerse más evidente a partir de los dos años de edad aproximadamente.

Como dije antes, nuestros hijos aprenden de nosotros casi todo; ellos vienen con unos patrones de conducta innatos muy limitados y somos nosotros los que les debemos ayudar a convertirse en seres sociales, seres sociales desde el punto de vista de lo que la sociedad está esperando de ellos. Y, como parte de de ese repertorio de conductas que debemos enseñarles, está ese comportamiento colaborativo. Y entonces nos empeñamos en que nuestros hijos deben compartir todo con otros niños y con sus hermanos, aunque ellos realmente no están dotados naturalmente para hacerlo. Y por eso cuesta tanto, porque su inmadurez social no lo permite.

Y, entonces, ¿Por qué no dejarles en paz y que no compartan sus cosas con los demás si no quieren hacerlo? ¿Por qué somos tan pesados con este tema si ellos naturalmente nos egocéntricos? Aquí es donde entran en juego los valores, la cultura y la vida en sociedad. Esas características que nos diferencian a los seres humanos de los animales.

Cuando insistimos a nuestros hijos que deben compartir con los demás, en realidad estamos enseñando la solidaridad, en realidad estamos enseñándoles estrategias de negociación y, al final, les estamos enseñando a ser mejores personas.

Es verdad que uno no anda prestando el móvil a todo el mundo, ni el coche a todo el que uno ve andando. Pero también es verdad que, si a uno le educaron para compartir, y sabes que alguien necesita un móvil en un momento puntual para hacer una llamada importante, seguramente no tendré problema en prestarle el mío; o si algún amigo o compañero de trabajo necesita que le acerque a su casa en un día lluvioso, probablemente lo haré. Y eso es la solidaridad. Esa solidaridad viene desde que somos niños, no se trata de complacer los caprichos de todos los niños del parque, se trata de que todos puedan jugar de forma colaborativa porque eso, a la larga, nos hace ser una mejor sociedad.

Cuando hablo de estrategias de negociación me refiero a que muchas veces ese compartir no es gratis entre los niños (ni entre los adultos); sino que en algunas ocasiones requiere de entregar algo a cambio de recibir otra cosa. En el caso de los niños sería algo así como yo te presto mi coche si tú me prestas tu pelota ¡Y todos tan contentos! Y es que eso mismo solemos hacer los adultos en nuestras relaciones cotidianamente; en eso consiste el vivir en sociedad. Por ejemplo, en casa tenemos una regla que es que si yo cocino, entonces otro lava los platos ¿Acaso no es lo mismo? Se trata de que, muchas veces, para conseguir algo, uno debe renunciar a otra cosa. Y en eso consiste la vida.

Así que, luego de pensármelo mucho, ahora lo tengo claro. Seguiré empeñado en que mis hijos compartan, aunque a veces pierda los nervios y se me acabe la paciencia; pero en eso consiste ser Un Papá Normal… en coger aire, y seguir intentándolo de nuevo… con el afán de que mis hijos sean unas buenas personas en un futuro.

Y vosotros ¿Qué pensáis de todo esto de que nuestros hijos deben compartir?

Estadística para padres (2da parte)

La semana pasada estuve hablando sobre la distribución normal y cómo se interpreta cuando leemos, en algunos sitios, que nuestros hijos deberían estar haciendo determinada cosa a una edad determinada. Conociendo, entonces, cómo es que funciona esa distribución, hoy he querido hablar de los famosos percentiles infantiles, esas mediciones que hace el pediatra a nuestro bebé en cada revisión, y que nos habla de su peso, estatura y el perímetro craneal.

Lo primero que debemos saber es que un percentil es un valor sobre la escala de medidas debajo del cual cae un porcentaje dado de los datos de la distribución. Sirven para darle significado a los datos, para comparar la ejecución de varios grupos entre ellos o de sujetos en una misma tarea. Por ejemplo, si nos encontramos que un niño presenta un percentil 50 en estatura, quiere decir que se encuentra justo en la mitad de la curva normal, que dentro de su grupo etario, es más alto que el 50% de los demás niños y más bajo que el 50% restante. Pero, si un niño está en el percentil 75, eso lo que quiere decir es que es más alto que el 75% de todos los niños de su mismo sexo y edad, pero es más bajo que el 25% restante.

La explicación anterior no tendría sentido si no conociéramos la distribución de los demás niños, pero como la semana pasada dijimos que las variables en ciencias de la salud suelen distribuirse según la curva normal, sabemos que es más frecuente encontrar a un niño en el percentil 50 (con una estatura promedio), que en el percentil 95, donde habrá pocos niños que sean tan altos.

No obstante lo anterior, debemos recordar que el hecho de que un niño esté en un percentil u otro, solo nos habla de que cada uno de ellos es diferente; pero en ningún caso que eso deba implicar una preocupación por nuestra parte. A menos que el pediatra nos diga lo contrario ¿Acaso no hay gente más alta y más baja que otra en este mundo?

También debemos tener cuidado de pensar que si nuestro hijo está en un percentil más alto sea mejor a que esté en uno bajo. Es frecuente escuchar a las abuelas decir que si un bebé está gordito entonces será más sano que uno que esté flaquito. Una cosa no tiene nada que ver con la otra. Eso va a depender de cómo se esté alimentando ese bebé ¿Y si son unos padres que sólo le dan carbohidratos a ese niño? ¿Y si ese bebé tiene algún problema endocrino? Por eso es que quiero resaltar aquí que son siempre los especialistas los que nos guiarán en si el peso, la estatura o el perímetro craneal de nuestros hijos está bien o si, por el contrario, debemos preocuparnos. Un simple percentil nos ayuda a conocer en qué lugar está ese niño, pero no nos dice nada más.

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En el Documento de Salud Infantil que nos entregan al nacimiento de nuestros hijos suelen venir unas gráficas a partir de la página 13 (de la última edición del año 2014) que la verdad es que cuesta un poco entender. Así que yo siempre prefiero irme a esta web y ver ahí, en números, los percentiles en los que están mis hijos. Ahí podéis pedir que os den esos datos según las estadísticas que maneja la OMS, o seleccionar que los resultados sean a partir de la Fundación Faustino Orbegozo Eizaguirre, que son los utilizados por los pediatras en España.

Así que ya sabéis cómo interpretar los percentiles infantiles ¿O no?

Alayuela

Llevaba varios meses queriendo conocer este local que abrió sus puertas a finales del año pasado en el barrio de Montecarmelo. Para los que conocisteis Cups & Kids, Alayuela os resultará muy familiar. Se trata de una cafetería para compartir en familia en un ambiente espectacular, donde la decoración y la distribución de los espacios juega un papel muy importante.

Por un lado, encontramos una sala con mesas de diferentes tamaños y diseños, en la que los padres podemos descansar y tomarnos algo mientras nuestros hijos disfrutan del área de juegos que se encuentra al otro lado del local. En un rinconcito disponen de una librería alemana, Auryn, que ese día estaba cerrada pero nos comentaron que dispone de variedad de libros en inglés y alemán enfocada en los más pequeños de la casa. Finalmente, cuentan con una sala aparte, junto a la zona de juegos, se trata un espacio reservado para la celebración de cumpleaños y talleres.

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Cafetería

De la cafetería destaca la atención de sus propios dueños y los productos bien presentados y bien cuidados. Debemos destacar un batido que probamos de yogurt, yerbabuena, miel y agua de rosas que estaba espectacular. Cuentan con potitos ecológicos, cerveza y menú de medio día donde la oferta se basa en baguels. Debo reconocer que no es una cafetería barata, pero la verdad es que la calidad de atención y de los productos que tienen es buena, así que merece la pena.

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La zona de juegos fomenta el juego libre, apenas hay juguetes o aparatos para los niños. Destaca una enorme pared de pizarra donde los peques puedes pintar, una hamaca que imagino que será muy demandada cuando el local está lleno y varios cojines en el suelo. Frente al área de juegos hay una barra desde donde los padres podemos mirar a nuestros hijos, mientras nos tomamos algo.

FullSizeRender (42)Cabe destacar que para entrar a la zona de juegos cada niño debe pagar 6€ si va en fin de semana (4€ los hermanos). Sobre esto último, debo admitir que siempre he estado de acuerdo en que los niños paguen por estas cosas, pero por 6€ uno se espera un lugar muy cuidado y éste no era el caso: de los pocos juguetes que habían, muchos estaba rotos o sucios, sólo había un pedacito de tiza para pintar en aquel muro enorme y la limpieza no era lo reluciente que uno se esperaría, tomando en cuenta que se trataba de una tarde tranquila y éramos los únicos clientes en aquel momento en el lugar. En fin, que 6€ me parece exagerado para lo que ofrece aquella zona.

Debo destacar los servicios, tratándose de un local destinado a toda la familia, no podía pasar por alto este tema aquí. Tanto en el aseo de señoras como en el de caballeros hay inodoros pequeños adaptados a la altura de los niños y en el servicio de minusválidos cuentan con cambiador. Todos los aseos estaban muy limpios y el diseño es espectacular.

Y vosotros ¿Ya conocéis Alayuela?