#UnPresidenteNormal

Imagen5Aunque mi mujer y yo llevamos 8 años viviendo en Madrid, la verdad es que, apartando los compañeros de trabajo, prácticamente no tenemos amigos españoles; nuestro circulo social más cercano es todo venezolano. Siempre nos hemos cuestionado cómo podemos hacer para ampliar nuestras redes de contactos y acercarnos más a los españoles, hasta llegar a crear lazos de amistad. Es algo que algunas veces hemos hablado, pero por lo que nunca hicimos mayores esfuerzos por resolver. La verdad es que no somos las personas más sociables que se pueda conocer y, más bien, somos algo introvertidos.

Desde que #ElChiqui comenzó el cole, y yo tengo un nuevo trabajo, se ha incrementado nuestra necesidad de estrechar lazos con gente de aquí. Ya no es solo por nosotros, sino por nuestros hijos, por ayudarles a crear ese sentido de pertenencia, sin olvidar sus raíces, obviamente; pero entendiendo que ellos nacieron aquí y aquí los estamos criando. Evidentemente, socializar a través de los hijos es mucho más fácil, pues gracias a ellos, a su propia socialización, te encuentras con otros padres con los que poder compartir.

En ese querer ampliar nuestros contactos y, también involucrarnos en las actividades de nuestros hijos, hace un par de semanas convocaron a una reunión de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) de la escuela infantil de #Nona, a la que decidí acudir y así enterarme un poco más las actividades que realizan y, además, aprovechar para conocer a otros padres de la guarde.

Como suele pasar en esos casos, similar a lo que ocurre cuando se convoca a las reuniones de la comunidad de vecinos, sólo acudimos cinco padres. En realidad éramos tres mamás, una educadora que también lleva a su hijo ahí, y yo en aquella sala de la escuela. Llegada la hora pautada de la reunión, tomó la palabra la directora de la escuela y para decirnos que el motivo de la convocatoria era informarnos que de los padres que formaban parte de AMPA del año anterior, ya no quedaba ninguno en la escuela y que debíamos formar una nueva junta directiva desde cero.

Se suponía que a aquella reunión acudiría la que, hasta el año pasado, era Presidenta y nos informaría de todos los detalles organizativos y burocráticos de aquella organización; pero esa mamá no fue; así que ese día tuvimos que conformar una junta directiva entre los asistentes que estuviésemos interesados, y ya otro día nos reuniríamos con más calma para conversar todo mejor.

La junta directiva de AMPA suele estar conformada por un Presidente, un Vicepresidente, un Secretario, un Tesorero y algunos Vocales. Pero a aquella reunión solo habíamos acudido cinco padres; entonces, si sacamos las cuentas, no había manera de que alguno quedásemos por fuera, así que nos organizamos, casi de forma aleatoria, y ya podéis adivinar quien quedó de presidente ¿no?…  Y de esa manera fue como me convertí en el actual Presidente de AMPA de la escuela infantil de #Nona, cargo al que me he ido haciendo a la idea a medida que pasan los días.

Esa es la historia de cómo de las ganas de socializar, uno termina llegando a ocupar un cargo de responsabilidad (no remunerado, cabe acotar) en un país que no es el tuyo, en el que no conoces al 100% el sistema educativo y del que tienes más inseguridades que los propios niños. Lo bueno es que, desde esa posición podré involucrarme mucho en las actividades de la escuela, que al final son las actividades de mi propia hija, y ese era uno de los objetivos que llevaba a aquella reunión. Me toca aprender mucho y trataré de dar lo mejor de mí en esta nueva responsabilidad que, aunque me llegó casi por azar, ya comienza a gustarme.

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Dos pasos adelante y un paso atrás

IMG_0816Como ya he contado por aquí, la primera de semana del cole para #ElChiqui fue muy dura, no quería ir, cuando le dejábamos se quedaba llorando y cuando estaba en casa decía que no le gustaba su cole. La segunda semana estuvo mejor, a pesar de que ya los padres no podíamos acompañarles hasta sus clases, sino que debíamos dejarles en la entrada del pasillo que da a todas las clases, incluso a pesar de eso, él estuvo más tranquilo. No hubo llantos y se quedaba calmado, contento y avanzaba por aquel largo pasillo haciéndose su propio camino ¡Como un mayor!

La semana pasada, tercera semana desde que comenzaron las clases, algo cambió. Los últimos días #ElChiqui se quedó llorando, sin querer quedarse, sin querer recorrer aquel pasillo y fue muy difícil dejarle ahí. Desde entonces, la situación ha seguido igual. Hemos intentado hablar con él, que nos cuente qué es lo que le está pasando, por qué está volviendo a no querer quedarse; pero no hay manera de que él pueda respondernos, quizá ni él mismo lo sepa. Ya no dice que no quiere ir, al contrario, habla muy bien de su colegio y de sus Profes, es sólo ese instante de la llegada la que le está costando, como si algo le paralizase justo ahí, a las puertas de esta nueva etapa. Pero que, una vez que logra atravesar, creemos que se le pasa y vuelve a estar contento. Al menos eso creemos, al menos eso queremos creer.

Cuando uno cambia de etapa, cada vez que uno da un nuevo paso hacia crecer, siempre, en algún momento, nos invade el miedo. Entonces nos paralizamos y parece que nos cuesta avanzar. A veces, nos tentamos a nosotros mismos con volver atrás, a lo que ya conocíamos, a lo que en cierta forma, nos daba seguridad. No importa si ese pasado era peor y si el presente que estamos viviendo nos garantiza un futuro mejor. Creo que casi todos pasamos por un momento similar, en mayor o menor medida. Lo que pasa es que uno, como adulto que es, sabe que no debe volver atrás, sabe que toca afrontar esos temores y avanzar. Pero en los niños, eso no está tan desarrollado.

Para los niños, siempre es más fácil volver atrás. Entonces vuelven a hacerse pipí en la cama cuando llega un nuevo hermanito, a pesar de que ya controlaban esfínteres perfectamente. Comienzan a despertarse por las noches llamando a los padres, cuando algo durante el día les ha afectado. Y así, dan un pasito atrás en busca de esa seguridad que les daba aquello que ya conocían.

Esperamos que esta adaptación siga su curso, estamos seguros que #ElChiqui terminará adaptándose y terminará de dar ese par de pasitos adelante que lo termine de ubicar en su nueva etapa. Mientras no sea así, nosotros seguiremos preguntándole, seguiremos propiciando que hable, que hable del cole, de lo que le gusta, de lo que no le gusta, de sus miedos y celebraremos sus avances. Y vosotros podréis saberlo porque yo seguiré contándolo por aquí.

¿Cómo lleváis vosotros la adaptación de vuestros peques?

Libro: Mi Primer Gran Día

IMG_0810La semana pasada recibí de regalo el libro Mi Primer Gran Día. Se trata de un libro personalizable, a través de la web que puedes visitar pinchando aquí, y en la que puedes crear un libro único y original; pues se basa en ciertos datos de tu hijo para generar el contenido.

Al ingresar a la web, cuyo diseño y uso es bastante agradable e intuitivo, deberás colocar el nombre de tu hijo (o del niño al que quieras regalar el libro), su fecha y lugar de nacimiento y hasta puedes incluir una foto del recién nacido, para hacer mucho más personal el libro. A través de la propia página puedes ir viendo cómo va quedando el diseño del libro.

Lo que hace único a este libro es que, gracias a los datos que has introducido en su personalización, te dará datos sobre la personalidad de tu hijo a través del significado que tiene su nombre, su signo del zodiaco, la época del año en que ha nacido y, además, te menciona qué personajes célebres nacieron y qué eventos relevantes sucedieron ese mismo día, en años anteriores.

Es importante aclarar que el diseño, color e imágenes, no son personalizables. Lo que cambia de un libro a otro es el contenido; pero, si quieres que la portada sea rosa o de algún otro color, no podrás darte ese capricho. Sin embargo, debo decir que el diseño es bastante cuidado y delicado, así que no creo que se eche en falta este tipo de particularidades.

Aunque por su diseño es claramente un libro dirigido a niños, yo no lo descartaría regalarlo a alguna persona mayor; pues, como he dicho, su posibilidad de personalización es un detalle que puede agradar a cualquier persona con mente joven.IMG_0811

Quizá, por ponerle alguna pega, debo decir que la caja en la que viene es bastante débil y en un par de abrir y cerrar ya se nos ha roto. Entonces, creo que es algo que se puede mejorar, pues no merece la pena correr el riesgo de dañar un libro de esta calidad, por su envoltorio de poca resistencia.

En fin, que como me ha gustado, he solicitado poder compartir un código de 10€ de descuento para que todo el que quiera pueda comprar su libro de forma más asequible.

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#ConfesionesDeUnPapaNormal: Mi infancia en Venezuela

IMG_0446Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia en Venezuela. Vivía en una zona de chalets muy tranquila, donde no había mucho tráfico de coches y donde todos los vecinos se conocían. Aquello permitía que los niños del barrio hiciésemos vida en la calle, sin mayor preocupación para nuestros padres. Internet no existía y las consolas de videojuegos eran la novedad. La vida estaba en la calle. Jugábamos todo tipo de juegos, conocidos y también inventados por nosotros mismos, explorábamos mucho. Aunque nunca fui deportista, incluso también hacíamos deporte.

El clima tropical de Venezuela nos permitía hacer barbacoas cualquier fin de semana del año, y era algo habitual. No existían los teléfonos móviles, así que no tengo ni idea de cómo se las arreglaba mi madre para hacer que yo volviese a casa. En mi infancia paseábamos en bici por las calles del barrio, sin casco y sin ruedines, y hasta montamos un taller de bicis improvisados en el garaje de uno de mis amigos.

En Venezuela, en aquella época, las celebraciones de carnaval eran con agua; los juegos consistían en mojarnos con globos llenos de agua, mangueras y, los más osados, también tiraban huevos y harina. También nos disfrazábamos, recuerdo tener un disfraz de El Zorro y de Superman.

En navidad se organizaban patinatas, mercadillos en las calles, con venta de churros… y todos los vecinos compartíamos. Los días de Nochebuena y Nochevieja eran fiestas de puertas abiertas en todas las casas. Recuerdo despertarme al día siguiente en el sofá del vecino alguna vez.

Los cumpleaños infantiles, en mi país, se celebraban siempre en espacios abiertos, en jardines de las casas o en parques. No había monitores, ni juegos elaborados para distraer a los niños (aunque en algunos casos sí que los había); los niños nos distraíamos como podíamos, y no nos costaba trabajo. Tampoco había meriendas demasiado elaboradas; con gusanitos (pepitos), sándwiches, tarta y gelatina era suficiente. Por supuesto nunca podía faltar la piñata, y todos los niños peleándose por coger la mayor cantidad de regalos que caían al suelo, cuando ésta se rompía.

En vacaciones, además de ir a la playa, siempre íbamos al pueblo de mi abuela materna. Incluso, más de una vez, me mandaron a mí solo a aquel lugar tan maravilloso; donde mi abuela se esmeraba en atenderme como a un rey y en el que las rutinas diarias propias del pueblo hacían que uno no se preocupase de nada, y gozara como nunca.

Yo no sé cómo sería mi infancia si la viviese hoy en día. Es verdad que ahora vivo en otro país y aquí hay costumbres distintas, aunque en esencia creo que todas las sociedades occidentales somos similares. No sé si en mi país todo el tema de la inseguridad permita tener a los niños con tanta libertad como la que disfruté yo, no lo creo. En cualquier caso, sin importar si es aquí o allí, estoy seguro que hemos cambiado.

Ahora estamos mucho más preocupados por ocupar el tiempo de nuestros hijos, sin darnos cuenta que ellos solos son capaces de distraerse con cosas simples. El avance de la tecnología también ha influido en la interacción con ellos; soy consciente que paso mucho tiempo mirando el móvil en lugar de mirarlos a ellos, y también soy consciente que a veces acudo a la facilidad de ponerles los dibujos o los cantajuegos en la tablet, para nosotros poder comer tranquilos (y, OJO, no es que abusemos de esta práctica, pero sí que lo hacemos).

Cada época tiene sus particularidades, no creo que ahora seamos más malos que antes, para nada. También es verdad que, muchas veces, tendemos a pensar que nuestra vida pasada fue mejor en algunas cosas que la vida que tenemos ahora. Pero yo no pienso eso, yo pienso que cada uno se adapta a la época en la que vive, no puedes vivir aislado solo por empeñarte en que las cosas sean tan maravillosas como las recuerdas tú. Al final solo son recuerdos. Lo que sí me gustaría es que mis hijos, cuando sean mayores, puedan guardar tan buenos recuerdos de su infancia como los que yo tengo guardados de la mía.

 

#ConfesionesDeUnaMamaNormal: ¡Empezamos el Cole de Mayores!

Como dije en el post de la semana pasada, estos días en esta casa la novedad es la vuelta al cole de nuestros hijos, sobre todo la entrada al cole de mayores de #ElChiqui. Es un tema que nos tiene un poco desestabilizados y sobre el que giran casi todas nuestras conversaciones. Pero es que los cambios de etapas de nuestros hijos son cambios de etapas de nosotros, sus padres, y eso es algo que debemos aprender a entender y a asimilar.

Hoy he querido compartir unas líneas que ha escrito mi mujer sobre su vivencia de estos días; porque aunque este blog trata de mi experiencia como papá, ya sabéis que siempre he pensado que mi paternidad no estaría completa si no fuese por mi mujer y es a ella a la que debo esta faceta de mi vida. Así que le he pedido permiso para publicar esta confesión suya, y aquí va:

 

#ConfesionesDeUnaMamaNormal: ¡Empezamos el Cole de Mayores!

 

Algo que suena emocionante, bonito, hacemos fotos en las que #ElChiqui está guapísimo, lo tenemos casi todo preparado, todo lo material; pero a medida que se acerca el día me siento cada vez más nerviosa, con ansiedad, como si hay algo que no va bien, como si voy a entrar en algo que desconozco y más que ilusionarme me hace dudar.

Días antes del primer día de cole tuve un sueño, yo suelo hacer mucho caso a mis sueños, siento que me hablan, que me muestran, en imágenes, cosas que me están pasando que a veces no soy capaz de ver yo sola, o de reconocer. En el sueño estoy nuevamente embarazada, estoy a punto de dar a luz, pero me dicen que el bebé no viene bien, no está bien colocado, vienen los pies primero ¡Hay que hacer cesárea! Me angustio un montón, no se cómo será la cesárea, no se si estaré despierta, si seré capaz de ver al bebé… me siento muy asustada… y en el sueño estoy sola.

Hay muchos detalles más del sueño, quizás menos relevantes ahora, pero pensaba que casi estoy viviendo esto como un parto, #ElChiqui va al cole de mayores y yo siento que se separa de mí, siento que él tiene que separarse de mí y yo de él, lo siento forzoso porque tengo mucho miedo, miedo a lo desconocido, a que en este postparto no lo tengo pegado a mí si no que lo dejo en otro lugar, siento mucha angustia pero sé que es una etapa normal y necesaria.

Este postparto es para los dos un paso más en nuestra independencia, la de los dos, hemos estado tan pegados, aunque pareciera que no. Recuerdo ese postparto con #ElChiqui, el postparto de verdad no el metafórico, como muy doloroso y difícil, doloroso físicamente y también emocionalmente, recuerdo sentirme muy perdida, y tener la necesidad de cogerle en brazos, abrazarle, cantarle y llorar. Recuerdo sufrir mucho por no poder entenderle, intentar adivinar lo que él sentía asociándolo con lo que yo sentía… él y yo éramos uno solo….

Este postparto, el metafórico, consiste en aprender a ser dos, de entender que a mí me está costando mucho separarme y también entender lo que él está sintiendo, a diferencia de hace tres años, ahora es capaz de decirme qué siente «mami, siento vergüenza»… «mami, no tengo amigos»… «mami, no quiero ir»… «mami, hoy jugué con Cayetana»… «mami, hoy fui al baño solito».

Y a pesar de todo lo difícil de separarme, al final, también puedo abrazarle, también puedo cogerle en brazos, también puedo cantarle… y también puedo llorar…

No tenía idea de que todo esto iba a pasar, no tenía idea de todo lo que iba a significar para mí su primer día de cole… pero ahora sé lo importante que esto va a ser para su crecimiento y para el mío, y que esto de empezar a ser dos no significa que dejamos de estar juntos…

¡Somos #ElChiqui y Mami haciéndonos mayores!

 

#ConfesionesDeUnPapaNormal: Vuelta al cole

IMG_0018He querido dejar pasar algunos días antes de escribir este post, y así poder hacerme una idea con mayor base de estos primeros días de mis peques en su vuelta al cole.

Comenzaré por #Nona que, como ya he comentado por aquí, acaba de comenzar en una escuela infantil nueva, distinta a la que fue los últimos meses del curso anterior. Ella comenzó el jueves pasado y ayer finalizó el periodo de adaptación, el cual consistía en ir añadiendo aproximadamente una hora diaria a su estadía en la escuela. Sus primeros días han transcurrido según lo que esperábamos; ya he contado por aquí que la menor de mis hijos es una niña bastante dramática y con un carácter fuerte. Así que sus llegadas al centro han estado protagonizadas por llanto que, conforme han pasado los días, se ha ido reduciendo en intensidad y duración. He podido comprobar por mí mismo, cuando la he ido a recoger, que logra desenvolverse tranquilamente por el lugar y en su interacción con los otros niños. También ayuda que la profe que le tocó es una chica bastante cariñosa y se le ve bastante involucrada con cada uno de los niños. Así que, con #Nona hemos estado tranquilos, a pesar de sus llantos, sabemos que su adaptación terminará siendo fenomenal. Lo único por lo que debo quejarme es que en la escuela perdieron el informe de su intolerancia al huevo, así que tuve que pedir uno nuevo a su doctora; eso sí, me aseguraron que, aunque no esté el informe, no le darían huevo, así que podemos estar tranquilos.

Con #ElChiqui el tema ha sido quizá más complicado, no tanto por él, sino por todo. Como sabéis, este año #ElChiqui va al “cole de mayores”, pues ya tiene 3 años. Como conté en este post sobre la elección de colegio, nosotros hicimos un enorme trabajo visitando colegios para ver cuál era el que más se ajustaba a lo que estábamos buscando y creemos que finalmente lo hemos conseguido. Además, tuvimos la suerte de conseguir plaza enseguida. Pero, si bien es cierto que en aquella investigación, uno se enteraba de generalidades, no sabíamos concretamente cómo sería el día a día allí. Cuando se publicaron las listas de adjudicación de plazas, convocaron a una reunión a la cual no pudimos asistir, pues fue convocada con muy poca antelación y nuestros compromisos no lo permitieron. No obstante, sí tuvimos tiempo de pasar a recoger todos los formularios para formalizar la matrícula y ahí nos enteramos del coste “altísimo” de los uniformes y demás temas más específicos de la escolarización de nuestro hijo mayor.

La semana pasada, antes de comenzar el curso, convocaron otra reunión para todos los nuevos y a esa sí que fuimos. En esa reunión, excesivamente larga desde mi punto de vista, tomando en cuenta que la mayoría de los papás fuimos con nuestros hijos y ellos se cansan rápidamente, nos enteramos que el primer día de clases no sería el viernes 8, sino que sería el lunes 11 ¡Vale, perfecto!; pero es que, además, nos enteramos que entre las prendas de uniforme había incluido un baby que no vendían allí, sino que teníamos que buscarnos la vida yendo a cualquier Hipercor a comprarlo, pero que además estaba agotado (después de recorrer 5 Hipercor, he conseguido comprarlo por internet). Además, nos comentaron del almuerzo que debíamos mandarle a nuestros hijos para darle a media mañana y, ante las preguntas de algunos padres, nunca olvidaré una frase que dijo alguna de las Profes: «olvidaros que vuestros hijos estaréis en la guarde, ahora ellos estarán en el cole»; y me pregunto yo ¿Era necesario ese comentario?

Estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba que #ElChiqui debía tener suficiente autonomía para ir al aseo solo; vale, que sí, que él va solo desde hace tiempo, pero para limpiarse necesita ayuda, no sabe hacerlo por cuenta propia. Estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba que no podría llevar su “mantita”, ese trozo de tela que usa para dormir, como objeto de apego, a la hora de la siesta. Estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba que el almuerzo que le enviásemos debía estar listo para que él solito pudiese tomarlo, por ejemplo, si esa merienda consiste en un plátano, debemos hacerle un pequeño corte para que el niño fuese capaz de abrirlo él solo. Estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba que la agenda sería un medio de comunicación puntual y no diario entre las profesoras y los padres. Estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba que los niños tenían una profe por las mañanas y otra por las tardes. En fin que estar en el cole, en vez de en la guarde, significaba muchos cambios para nosotros y para nuestro hijo.

Lo que no imaginábamos era que ese cambio iba a significar una especie de caja negra durante estos primeros días. Cada día hemos dejado a nuestro hijo en su clase, aunque eso va a cambiar a partir de la semana que viene y desde entonces se quedará en una fila que harán en el patio de entrada. Le hemos dejado ahí, en medio de un montón de niños llorando, llanto que como es lógico se le ha contagiado. Le hemos dejado con una profe, para luego por la tarde recogerlo en el patio, donde nos lo entrega otra profe diferente. Todo muy rápido, sin saber cómo ha pasado el día, si ha comido, si ha dormido, etc. El martes, incluso, escribí un email a la profesora (el email es la vía de comunicación que ellas prefieren) para asegurarme de que ella estaba al tanto de la intolerancia al pollo que tiene #ElChiqui. Afortunadamente, recibí su respuesta casi enseguida, y eso que era de noche ya, diciéndome que no me preocupase, que tenían todo controlado. Ayer, cuando le dejé, ella al verme entrar con él me comentó lo del email.

Esa comunicación con la profesora me calmó bastante, y el hecho de que ella me haya “puesto cara” al día siguiente, mucho más. Al fin, por primera vez en estos primeros tres días, recibía algún tipo de feedback de alguien del colegio que me dijese que todo estaba bien. Así que pensé que estos primeros días han sido un poco caóticos para todos, para las profes, para nosotros que somos nuevos en esto y para nuestros hijos.  Quizá nosotros veníamos muy acostumbrados al trato de la guarde, donde todo era muy cercano, donde diariamente te enterabas de cómo había estado nuestro hijo, donde en la agenda te ponían lo que habían hecho ese día… y de repente, encontrarnos con toda esta incertidumbre nos estaba comenzando a volver locos. Así que creo que hay que darle tiempo, darnos tiempo; esperar a que la locura y novedad de estos primeros días pasen y todo comience a volver a la calma poco a poco, con el paso de los días.

#ElChiqui desde el primer día sabe el nombre de su profe, se sabe el nombre de algunos niños y dice que le gusta su cole, pero también dice que no le gusta cuando nos vamos y le dejamos allí; los primeros días se quedó llorando, pero ya desde ayer no llora. Ayer dijo que le daba vergüenza comer ahí, yo supongo que el tema del comerdor impone y ante tanta gente desconocida más. A veces dice que no quiere ir, que allí no están sus amigos, ante lo que intentamos ayudarle inculcándole confianza de que pronto va a hacer amigos, etc.

En fin, que así van las cosas por aquí, con esta vuelta al cole que nos tiene locos a todos.

Y vosotros ¿Cómo afrontasteis la vuelta al cole de vuestros peques?

#ReflexionesDeUnPapaNormal: ¡Adiós Guarde!

Hoy es el último día de guarde de #ElChiqui y debo reconocer que anoche me costó un montón conciliar el sueño pensando en todo este cambio que le viene a nuestro hijo mayor y a nosotros mismos ¿Será consciente él también de eso? ¿Cómo lo vivirá? ¿Qué pensará? ¿Qué sentirá él?

A #Nona también le toca cambio de guardería, pero ella está más pequeña y, aunque también piensa y siente, su inmadurez creo que le permite adaptarse más fácil a un entorno nuevo, donde estoy seguro que va a ser bien atendida y estará bastante protegida. Pero #ElChiqui es más mayor, tiene 3; sin embargo, no es lo suficientemente grande como para poder expresar perfectamente lo que le pasa. Evidentemente lo intenta, uno procura ayudarle también, y sobre todo lo actúa, de eso no hay duda. Sin embargo, persiste mi incertidumbre ¿Qué pensará? ¿Cómo se sentirá? ¿Cómo podemos hacer para ayudarle?

Personalmente, debo admitir, que no tengo recuerdos de mi primer día de colegio. No sé si lloré, si tardé en asimilarlo, si me adapté rápido, ni nada de eso. Sí tengo recuerdos posteriores, en los que viví una etapa escolar muy feliz y quisiera que mis hijos puedan vivirla de la misma manera. Evidentemente influye la actitud con la que uno lo afronte, influye la personalidad que tiene cada uno de ellos y también influye la acogida que le den en el nuevo colegio, ¡El cole de mayores!

En la guarde, #ElChiqui se adaptó rápido, sólo estuvo el último año ahí y siempre fue una experiencia muy positiva para él y para nosotros. Pero, claro, estamos hablando de una guardería pequeña, donde el trato es muy cercano y familiar, donde uno le acompañaba hasta su clase a la entrada y a la salida, donde la flexibilidad era muy grande y donde él estaba ya en una etapa en la que “necesitaba” poder compartir con otros niños de su edad. Con él no hubo problemas de llantos los primeros días, siempre acudió feliz. Sin embargo, ayer y hoy llegó allí llorando, sin querer despegarse de nosotros. Él sabe que hoy es su último día, se lo hemos dicho muchas veces, es importante que haga su duelo, que internalice que cambio de etapa, el fin de una vida y, a partir de la semana que viene, el inicio de otra diferente.

Al final, la vida es eso, un constante cambio de etapas, un contante fin de ciclo e inicio del siguiente. Y menos mal que es así, si no ¿Cómo avanzaríamos? Pero no deja de ser doloroso, no deja de generar incertidumbre sobre lo que vendrá a continuación y es importante permitir que nuestro hijo haga ese duelo, y nosotros con él. Espero que podamos estar a la altura de la situación y poder acompañarlo, contenerlo y achucharlo en este cambio de fase. Sobre todo espero que sus incertidumbres, sus dudas y sus duelos sean sólo de él y no transmitirle los nuestros ¡Qué difícil¡ ¿No?

Y vosotros ¿Cómo afrontasteis estos cambios de etapas de vuestros hijos?