#ConfesionesDeUnPapaNormal: El nacimiento de #elchiqui

El nacimiento de #elchiqui fue planificado, en el sentido de que el ginecólogo ya nos había dicho que como él venía con gran tamaño, si no nacía antes de la semana 39, habría que inducir el parto para intentar evitar la cesárea, que era nuestro deseo. Así que, como ese bebé prefirió quedarse plácidamente en la tripa de mamá, llegado el día planeado nos fuimos al hospital para comenzar la inducción.

Luego de llegar al hospital muy temprano por la mañana, y hacer todo el trámite del ingreso, de inmediato nos subieron a la habitación. Las enfermeras tomaron los datos de mi mujer y, casi enseguida, comenzaron a monitorear las contracciones. Pasaron un par de horas hasta que, finalmente, llegó la matrona y fue a partir de ahí que comenzó la administración de la oxitocina. Un rato después, rompieron la bolsa y fue, entonces, cuando las contracciones comenzaron a ser fuertes y los dolores casi insoportables para mi mujer, así que la matrona decidió que era el momento oportuno para colocar la epidural (eran las 15:00 horas). En ese momento la dilatación iba por apenas 2cm.

Luego de una hora, los dolores disminuyeron y ya mi mujer estaba más calmada. A las 18:00 el ginecólogo realizó una nueva exploración y, aunque sus expectativas no eran del todo positivas con respecto a que lograríamos que el parto fuese natural, constató que la dilatación iba por 4cm y subiendo. Durante la espera, a mi mujer le dieron muchas nauseas y hasta algún vómito tuvo.

Una hora más tarde, la dilatación ya iba por 6cm (19:00 horas). Media hora después ya aumentamos a 8cm y la cabeza de #elchiqui estaba comenzando a bajar. Comenzaron muchos dolores a mi mujer y tratamos de aliviarlos poniendo música que nos relajase y pudiera ponernos a pensar en otra cosa, pero no era fácil. A las 20:15 el ginecólogo decidió que lo mejor sería llevarse a mi mujer al paritorio porque, aunque la dilatación ya estaba casi lista y #elchiqui estaba bajando, al parecer su cabeza estaba chocando con la pelvis. En el paritorio aumentarían la dosis de la epidural para aliviar los dolores y se terminaría de decidir si el parto sería natural o por cesárea.

Al llegar a la puerta de los paritorios, el celador me dijo que debía esperar ahí hasta que me llamasen, mientras me iba poniendo el traje verde de quirófano y esperaba, con desesperación, durante casi media hora; por un  momento creí que se habían olvidado de mí.

Finalmente, una enfermera me dijo que puedo pasar. Al entrar al paritorio estaban dos enfermeras que no hacían nada, el médico y dos matronas atendiendo el parto. Al llegar le dí un beso en la frente a mi mujer y pregunté cómo iba todo, a lo que el médico me dijo que todo iba muy bien y que iban a intentar que fuese parto natural. En ese momento matronas y ginecólogo se fueron rotando para subirse sobre la tripa de mi mujer y, con cada contracción, ayudarla a pujar haciéndole presión hacia abajo. Las matronas eran las que animaban la acción de pujar, pero en una de esas, mi mujer comentó que no podía pujar porque tenía mucho sueño, aparentemente a causa de la anestesia; todos nos reímos y sorprendemos y la matrona le decía que no podía tener sueño en ese momento, que debía pujar con todas sus fuerzas para poder acabar rápido. Yo solo estaba expectante de todo aquello. El ginecólogo estuvo pesimista sobre la posibilidad de que pudiese ser natural casi hasta último momento, y las matronas eran las que lo animaban a que tenía que continuar.

En uno de los pujes, me dí cuenta que el ginecólogo finalmente lograba ver la cabeza de #elchiqui y, entonces sacó un par de palas (fórceps) de unas bolsas; metió una pala por un lado, luego cogió lo que yo sentí que era un cuchillo y se vió que hizo un corte (episiotomía) y enseguida metió la otra pala del otro lado. Ahí, con la siguiente contracción, le pidieron a mi mujer que pujase fuerte… de repente se vió salir la cabeza de #elchiqui y hasta yo comencé a gritarle a mi mujer para que pujase más fuertemente. El médico comenzó a tirar desde la base de la cabeza al bebé para ayudarle a salir. En ese momento tuve una desagradable sensación de que #elchiqui estaba sin vida, aquel doctor tiraba de su cabecita con aquella fuerza y mi niño ni se inmutaba y eso, a pesar de haber visto varios videos de partos previamente, me sorprendió. Mi mujer no sentía nada, afortunadamente, aunque eso también dificultaba que ella pudiese pujar bien.

Finalmente, a las 21:05 nació #elchiqui, se lo pusieron en la tripa a mi mujer y ambos lloramos de la emoción. Mi mujer y yo estuvimos en silencio un rato, quizá intentando asimilar un poco todo aquello y quizá en esa comunicación silenciosa que solo dos personas que se quieren intensamente pueden mantener. Tal fue nuestro silencio que el doctor, mientras cocía los puntos de la episiotomía, comentó “qué callados estáis”; pero nosotros sin inmutarnos. Luego, llegó el celador y me pidió que yo me llevase a #elchiqui, en su cuna, a la habitación y que luego él subiría a mi mujer. Ese momento fue lo máximo para mí; poder salir de ahí yo solo con mi hijo, nuestro primer momento juntos a solas, triunfante y orgulloso… por cada pasillo que pasaba las enfermeras me felicitaban y yo no cabía de emoción.

Al llegar a la habitación, ahí estaba mi suegra esperando y no se podía creer que finalmente había llegado su segundo nieto. Yo tenía como ocho grupos de whatsapp creados y ahí envié la primera foto de #elchiqui a cada uno de ellos; para anunciar su llegada al mundo. Las respuestas de alegría no tardaron en llegar. Enseguida trajeron a mi mujer y un enfermero la ayudó a llevarse a #elchiqui al pecho para que, desde ese primer instante, él comenzase a succionar y poder comenzar la producción de, primero calostro, y posteriormente leche.

No pasó más de una hora cuando vinieron a llevarse al bebé para darle su primer baño. El plan sugerido en este hospital consiste en que después de su primer baño, dejan al niño en el nido toda la noche para que la madre pueda recuperarse del esfuerzo de todo el día. Pero como eso era una “sugerencia”, nosotros estuvimos de acuerdo que se quedase en el nido, pero que nos lo llevasen a la habitación para darle de comer. Y así sucedió.

Mi suegra se fue a descansar y nosotros nos quedamos ahí como en shock, era muy fuerte todo lo que había pasado… finalmente conocer a nuestro primer hijo, que el parto hubiese sido natural a pesar de sus 3,610 Kg de peso y que estuviésemos solos ahí… todo eso como que nos superaba un poco.

Al día siguiente, aparentemente, todo comenzó con tranquilidad; por la mañana llegó mi suegra y decidimos que era un buen momento para que finalmente mi mujer se levantase de la cama y se diera una ducha. Yo la ayudé a hacerlo, muy lentamente primero estuvo sentada en el borde de la cama y luego fuimos hasta el baño. Ella se encontraba muy débil, pero estaba haciendo su mayor esfuerzo.  Al terminar de ducharse, comenzó a sentirse muy mareada y comenzó a decir que sentía que se le estaba bajando la tensión, me pedía que la llevase a la cama, pero yo decidí sentarla en el W.C. y justo en ese momento recibí un susto enorme cuando vi que su rostro se quedaba en blanco, con la mirada ida y como con una tembladera, abrí la puerta del baño y grité que llamasen a una enfermera urgentemente. Enseguida llegó una y, de inmediato, tumbamos a mi mujer en el suelo y le subimos las piernas; finalmente volvió en sí y la enfermera nos explicó que era normal que le hubiese ocurrido eso, que era una bajada de tensión y que no había que preocuparse; pero el susto fue grande.

Llegada la noche, #elchiqui se encontraba muy inquieto y llorón… intentábamos calmarlo teniéndolo en brazos, dándole pecho y sacándole los gases pero no había manera de lograrlo. Cuando llegó la enfermera a buscarlo para su baño; le dijimos que él no paraba de llorar y nos respondió que era normal, que ya se le pasaría con el baño y se lo llevó. En ese momento, mi mujer rompió a llorar de la impotencia de no saber cómo ayudar a #elchiqui. Intentamos calmarnos, para que cuando volviese nos encontrara con las mejores energías y no absorbiese toda nuestra frustración él también.

Cuando lo trajeron de vuelta, la enfermera comentó que estuvo tranquilo desde el mismo instante en que se lo había llevado y que, incluso, era el único bebé que no lloraba de todos los que estaban en el nido. Efectivamente, él llegó tranquilo a la habitación, así que por un momento respiramos aires de tranquilidad. Pero esa calma no duraría mucho.

Pocos momentos después que lo trajeron del baño, #elchiqui comenzó a ponerse inquieto y llorón nuevamente. Mi mujer intentó ponérselo al pecho para darle de comer, pero él seguía inconsolable. Yo llamé a la enfermera para ver si podía ayudarnos, si era que no estaba enganchándose bien el pecho o qué podía estar pasando; ante lo que ella dijo que todo estaba fenomenal y que ya se le pasaría. Pasado un rato, y sin mejoría de la situación, mi mujer, con lagrimas en los ojos, se dispuso a ir ella personalmente al puesto de enfermeras a pedir ayuda. Era aproximadamente la 1:00 de la madrugada. En ese momento, venía entrando una enfermera a la habitación a quien le expusimos la situación; justo en ese momento se oyó cómo #elchiqui echaba su primera cagadita desde que había nacido; la enfermera atribuyó su malestar a ese estreñimiento que parecía estar teniendo y nos recomendó que le hiciésemos masajes en la tripa y movimientos de piernas contra el vientre para ayudarlo a expulsar. Eso hicimos, pero él no soltó nada más; así que, por primera vez, mi mujer y yo le cambiamos su pañal. Pero él no paró de llorar; parecía que el problema no terminaba ahí y que era algo más lo que a él le pasaba.

Volvimos a llamar a la enfermera, quien nos dijo que era normal que eso ocurriera, que había bebés más llorones que otros y que seguramente el nuestro “había salido llorón”. Seguimos intentando de todo lo que se nos ocurría y nada le calmaba, le mecíamos, le poníamos al pecho, solicitamos una pezonera porque mi mujer ya tenía los pezones rotos, pedimos si tenían un chupete y nos trajeron un apaño de tal; pero nada que él se calmaba (aquí debo confesar que nuestra intención no era ponerle chupete desde tan pequeño, pero ante la desesperación de que se calmase, teníamos que agotar todas las alternativas conocidas). Luego pensamos que podía ser hambre o cólicos porque sentíamos movimientos de sus tripitas y pedimos que nos dieran un biberón, él se lo tomó como desesperado, así que pensamos que habíamos dado en el clavo finalmente. Pasó un rato y #elchiqui volvía a llorar desconsoladamente, y ya no sabíamos qué más podíamos hacer.

Sobre las 4:00 de la madrugada, mientras yo estaba acostado, sin comentarme nada, mi mujer recordó que cuando #elchiqui estaba inquieto en su vientre, él solía calmarse cuando ella se duchaba; entonces, pensó que sería buena idea llevarlo al baño y abrir el grifo para ver si el sonido del agua lo calmaba. Y así fue, de repente vi entrar a mi mujer al baño con #elchiqui llorando y, al escuchar el grifo abierto, él dejó de llorar.

(Lo que viene a continuación es un poco loco, lo sé; pero quiero contar todo tal cual pasó: al oír que el bebé dejó de llorar con el grifo abierto, lo primero que pensé fue que mi mujer, en un momento de desesperación le entró una especie de psicosis, y había ahogado a nuestro hijo; esa imagen la recuerdo perfectamente, y me imaginaba a ella saliendo del baño, con el niño muerto en sus brazos y ella llorando de la culpa; pero en cierto sentido yo la comprendía y la apoyaría en lo que había hecho. Evidentemente me asusté de pensar eso, así que me levanté de mi cama y me asomé al baño a ver qué estaba pasando y ella me explicó qué era lo que estaba haciendo… así que me quedé tranquilo, no le comenté lo que había pensado hasta el día siguiente: obviamente, cuando se lo conté ambos no paramos de reir!)

Esa calma del grifo duró poco, porque #elchiqui siguió llorando. Eran ya entre las 5:00 y 6:00 de la mañana. Buscando estrategias para calmar a un bebé en internet conseguimos que ponerlo desnudo piel con piel podía funcionar; así que mi mujer se descubrió su pecho y le quitó la ropa a él y se lo colocó en su regazo, hasta que finalmente él logró tranquilizarse y quedarse dormido. Sobre las 7:00am escribimos a mi suegra para que, sin contarle detalles de la noche que pasamos, pasase por alguna farmacia y comprase un chupete. También escribimos a todos nuestros amigos para que, si tenían intenciones de visitarnos aquel día, desistieran de su plan porque nosotros necesitábamos estar tranquilos y descansar.

Mi suegra llegó temprano, no sé qué hora sería pero podrían ser como las 9:00; cuando llegó, #elchiqui seguía dormido en el pecho de mi mujer, pero nosotros no habíamos podido pegar un ojo. Al verla, mi primer comentario fue: “he pasado la peor noche de mi vida”. Pasar la noche en vela tratando, con todos los medios posibles, de consolar a tu hijo que no para de llorar y no conseguir nada y que, además, las enfermeras no te ayuden mucho sino que te digan que tu hijo “salió llorón”, es una de las experiencias más desagradables que me ha tocado vivir.

Más tarde, llegó la pediatra y le comentamos que él no había parado de llorar toda la noche y que no estaba comiendo y ella dijo que era normal, que él había perdido 200gr de peso, que era lo esperado para entonces y que, sólo por esa noche, le diésemos un biberón luego de terminar el pecho.

Pasado un rato, situación mejoraba por momentos; #elchiqui seguía intranquilo pero no era todo el tiempo; sólo parecía aliviarse cuando se pegaba al pecho. El chupete no sirvió de nada para calmarle. Hubo un momento en que estuve meciéndole en mis brazos durante casi una hora, y ahí se quedó un poco tranquilo, pero en lo que yo paraba en balanceo él volvía otra vez con el llanto desesperado. En varias ocasiones pedimos a las enfermeras que queríamos ver al pediatra de turno porque necesitábamos ayuda de su parte; en ese momento nuestra hipótesis era qué él tenía cólicos, ya que no había hecho más caca desde la noche anterior. Tampoco había hecho pis ¿Será que estaba deshidratado?

Sobre aproximadamente las 6 de la tarde apareció, finalmente, el pediatra. Estuvo muy receptivo y amable en todo momento, tan diferente a la pediatra de la mañana. Examinó a #elchiqui, escuchó nuestro reporte y concluyó que lo que sucedía era que el bebé tenía hambre, que quizá el calostro que estaba produciendo mi mujer no le estaba saciando completamente y nos recomendó darle un biberón cada tres horas, siempre después de tomar el pecho. Es decir, el pecho se le seguiría dando a demanda y el biberón era complementario hasta que a mi mujer le comenzase a subir la leche completamente. Así comenzamos a hacerlo y, finalmente, la cosa mejoró notablemente. No eran cólicos ni que “el niño nos había salido llorón” ¡era hambre lo que tenía el pobre!

Siguiendo las indicaciones del pediatra, esa noche la pasamos mucho mejor y nuestro bebé ya no era el llorón del pasillo. Al día siguiente nos dieron el alta. Sobre las 4 de la tarde llegamos a casa, le hicimos un recorrido a #elchiqui para que conociera la que sería su hogar de ahora en adelante y, desde entonces, las cosas con él y su alimentación fueron mucho mejor.

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