#ExperienciasDeUnPapaNormal: ¿Intolerancia al pollo?

#elchiqui tendría unos 6-7 meses cuando le dimos pollo por primera vez, como parte de su dieta complementaria a la lactancia materna. Se lo dimos triturado, entre el puré de verduras, y su aceptación fue buena. Pasaron dos semanas y era la segunda vez que probaba la carne de pollo y se lo comió encantado. Se fue a dormir su siesta, como todos los días, y a los pocos minutos comenzó a vomitar como si la vida se le fuese en ello. Tuvo un fuerte decaimiento y quizá se deshidrató un poco, así que le llevamos a urgencias, donde le diagnosticaron una gastroenteritis y, con tratamiento asignado, regresamos a casa.

Días después de aquel acontecimiento, era la primera vez que llevábamos a #elchiqui a urgencias, seguimos la vida normal, así que volvimos a darle pollo entre su comida habitual. Nuevamente se repitió el mismo patrón: un par de horas después de habérselo comido, comenzó a vomitar. Volvimos a urgencias, donde esta vez comentamos que él había comido pollo, lo que recibimos fue una respuesta de incredulidad por parte de la pediatra y salimos de ahí con un diagnostico, nuevamente, de gastroenteritis. Por decisión nuestra, suspendimos el pollo de su dieta hasta ver a su pediatra.

Unas semanas más tardes, le tocaba el control habitual con su pediatra y aprovechamos para comentarle el tema del pollo. Las dos veces había sido el mismo patrón: #elchiqui comía pollo y a las dos horas vomitaba. La pediatra se nos quedó mirando, otra vez con cara de incredulidad y nos dijo que eso no podía ser el pollo. Así que nos marchamos de ahí y decidimos probar darle nuevamente y ¿sabéis qué pasó? ¡Que volvimos a urgencias por otra gastroenteritis!

Por aquellos días, #elchiqui estaba recibiendo un tratamiento dermatológico para tratarle una fuerte dermatitis atópica (tema que trataré en otro post) y le comentamos el tema a la dermatóloga, haciendo énfasis en que todo el mundo nos veía con cara de que estábamos locos, cada vez que mencionábamos nuestras sospechas sobre el pollo. La dermatóloga nos dijo que, según su opinión, si los papás veían algo fuera de lo habitual o que les llamase la atención de sus hijos, los médicos debían prestar atención porque, al fin y al cabo, eran los papás los que pasaban más tiempo con sus hijos y tenían un mejor conocimiento sobre ellos mismos. Así que nos recomendó tratar el tema con un alergólogo. Y así lo hicimos.

Superadas las típicas pruebas que hacen los alergólogos en el brazo y saliendo negativa la alergia al pollo en la analítica de sangre. Nos citaron para darle pollo en el hospital y así ver la reacción de #elchiqui. Por aquel entonces, él ya tenía un año y medio aproximadamente. Estuvimos toda la mañana en el hospital, #elchiqui se comió su pollo encantado y no pasó nada. Pero al llegar a casa, comenzó a sentirse mal y volvieron los vómitos ¡Para nosotros estaba claro que tenía que ser el pollo!

En una cita posterior con la alergóloga, cuando describimos toda la situación y viendo todos los estudios realizados, ella comentó que más que una alergia parecía tratarse de una intolerancia. Que era un caso muy raro, que aparecía descrito en algunos libros, pero que ella nunca había visto. Decidió que esperásemos a que #elchiqui tuviese dos años, y así su sistema digestivo estuviese más maduro, para volver a provocar la situación y darle pollo nuevamente en el hospital.

Cuando #elchiqui cumplió los dos años, vino el inicio de la guardería y los virus no pararon de atacar esta casa, así que tuvimos que posponer la prueba del pollo en varias ocasiones. Hasta que, finalmente, el viernes pasado (13 meses después de la ultima vez) #elchiqui volvió a probar el temido pollo en el hospital.

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#elchiqui comiendo pollo

 

Otra vez pasamos ahí toda la mañana, pero esta vez la alergóloga decidió que le daríamos el pollo completo (toda la porción) de una sola vez y no espaciado en el tiempo. #elchiqui se lo comió todo y estuvo tranquilo y contento todo ese rato. Al finalizar la prueba, y dados los antecedentes, la doctora prefirió que siguiéramos observándolo en casa durante las próximas 24 horas antes de cantar victoria y así lo hicimos. Por primera vez en dos años y medio, #elchiqui toleró el pollo y nosotros felices.

Ahora toca continuar dándole pollo dos veces por semana para ver cómo va reaccionando y si efectivamente ha superado al 100% su condición. Al final no sabemos si se trataba de una intolerancia propiamente o simplemente que “algo” de su sistema digestivo rechazaba la carne de pollo.

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#elchiqui saltando de alegría por la prueba superada

 

¿Sabíais que existía algo así?

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