#ExperienciasDeUnPapaNormal: Rutinas (Ejemplos Segunda Parte)

Como sabéis, esta semana la estoy dedicando a dar ejemplos de las rutinas que sigo con mis hijos. Y éste será el último post que hablaré de este tema, por el momento.

De #elchiqui no contaré una rutina de su día a día porque él va a guardería, pero sí quiero contar una anécdota que tiene que ver, no tanto con rutinas, sino con ayudar a nuestros hijos a anticipar lo que va a pasar:

#elchiqui siempre llevó bien sus consultas médicas, no fue un bebé que llorase fácilmente al ver la temida bata blanca de su pediatra, alergóloga y dermatóloga (por todos esos especialistas hemos pasado, y unas cuantas visitas a urgencias). Sin embargo, aproximadamente coincidiendo con el nacimiento de su hermana, comenzó a desarrollar un terror a los médicos; desde que entraba a la consulta hasta que salía, no paraba de llorar y eso dificultaba una buena revisión y nos despertaba una enorme frustración a nosotros. Incluso, tuvimos que suspender una de las pruebas de alergia por ese motivo.

Nos dimos cuenta que cuando acudía conmigo lograba estar más tranquilo que cuando iba con mi mujer; así que decidimos que yo me encargase del tema en exclusiva. Mientras pensaba cómo podía ayudarle, se me ocurrió comenzar a hablarle desde casa de todo lo que pasaría a continuación. Le contaba que iríamos a ver a la doctora, le explicaba que ella no le haría nada malo y le dramatizaba la revisión que le tocaría experimentar: primero le escucharían el pecho y la espalda con un teléfono (estetoscopio), luego debían revisar sus oídos (y se los revisaba yo, como si fuese el médico), luego le masajearían la tripa (y se lo hacía yo) y, finalmente, le mirarían la boca para lo cual él debía abrirla lo más grande que podía (y juntos dramatizábamos esa apertura bucal). Luego le decía que debía ser un campeón, que si lloraba entonces la doctora no podría saber bien lo que le pasaba y no podría ayudarle; y que si se portaba como un campeón, le pondría una carita feliz en la mano al final de la consulta. Ese relato lo repetíamos varias veces antes de salir de casa.

El cambio no fue de inmediato, cuando llegaba a la consulta solía hacer pucheros, pero luego de que veía que se cumplía lo que habíamos dramatizado, se quedaba más tranquilo. Por supuesto que al final le felicitaba, le decía que había sido un campeón y le dibujaba una carita feliz (happy face, como a él le gusta llamarle) en su mano y las visitas a los médicos fueron mejorando con el paso del tiempo. Ya se sabe tanto las revisiones que, cuando el médico se salta algún paso (por ejemplo no le revisa los oídos porque el motivo de consulta no lo amerita), él lo reclama.

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Happy Face de campeón

Siempre que a mis hijos les pasa algo o comienzan a desarrollar un comportamiento que antes no hacían, como psicólogos que somos, mi mujer y yo lo primero que hacemos a preguntarnos qué le puede estar ocurriendo para intentar ir a la raíz del tema y ayudarles desde ahí. Pero muchas veces nos cuesta mucho poder encontrar ese punto de partida que desencadenó ese cambio de conducta, y entonces lo que hacemos es volver a las rutinas. Intentar calmarles estableciendo rutinas, intentando enseñarles la habilidad de poder anticiparse a lo que viene, de tal manera que ellos puedan estar más tranquilos ante la incertidumbre y la mayoría de las veces, como este ejemplo que cuento, nos ha ido bien.

Con este relato doy fin a los ejemplos que yo, como #UnPapaNormal, he llevado a cabo para establecerle rutinas a mis hijos, de tal forma que ellos puedan estar tranquilos y estables. Cierro el tema aquí para no ser pesado con lo mismo, pero no digo que más adelante no lo vuelva abrir.

Quiero cerrar este post recordando lo que ya dije en el post anterior. Lo que yo cuento aquí es mi experiencia, no digo que sea la mejor, ni siquiera digo que sea buena, ni mucho menos que le vaya a funcionar a todo el mundo. Lo cuento porque son cuestiones que a nosotros nos han funcionado, porque le damos mucha importancia al tema de las rutinas y porque estamos convencidos de su poder. Pero, al final, cada padre tendrá sus propias estrategias, cada familia es un mundo y el objetivo de #UnPapaNormal no es dar lecciones a nadie… mi objetivo es, repito, contar mi experiencia.

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