Cosas que NADIE te dice antes de ser papá (Continuación)

IMG_5811La semana pasada inicié un post con un listado de las cosas que nadie te dice antes de ser papá, y esta entrada es la continuación de esa lista. Así que sin más, vamos a las tres cosas que he querido destacar hoy, la temática va sobre el sueño:

Adaptar tus planes y horarios a las siestas de tu hijo: en los bebés y en los niños pequeños, las siestas son necesarias, necesarias para ellos porque durante el sueño se activa la hormona del crecimiento y porque es la única manera en que pueden recargar energías para poder continuar el día (yo diría “para poder continuar el día en paz”). Pero, además, las siestas de nuestros hijos son necesarias también para los padres, pues con suerte son los pequeños momentos del día que podemos dedicarlos a nosotros mismos (ir al baño con tranquilidad, por ejemplo) y a nuestras responsabilidades (trabajar, si lo hacemos desde casa u ocuparnos de las labores del hogar, como cocinar). OJO: no es que no podamos hacer nuestras cosas con el crio despierto, pero digamos que no las podemos hacer con tanta concentración y paz. A lo que voy es que, objetivamente, las siestas de nuestros pequeños son importantes, claro que sí; pero esta situación se agudiza cuando, encima, somos papás primerizos. Cuando estamos novatos en esto de la paternidad, se nos va la vida en organizarnos en función de la siesta de nuestros hijos. Nuestro horario y nuestra planificación diaria tiene que ajustarse a ese pequeño evento fundamental. En el caso de mis dos hijos, ambos fueron incapaces de hacer siesta en su cuna antes de los 6 meses, y solo conseguían dormirse en brazos, así que eso implicaba que uno se quedaba en tiempo muerto durante la hora y pico que duraba cada una de las siestas. Así que os podréis imaginar. Una vez fuimos de paseo al centro de Madrid con unos amigos, recuerdo que decidimos picotear en el Mercado de San Antón y aquel momento coincidía con la siesta de #ElChiqui, que tendría unos 8 meses. Pues, para asegurarnos que el niño hiciese su siesta, mi mujer salió del mercado con él subido a su carrito y estuvo dándole vueltas alrededor del mercado durante un buen rato, hasta que finalmente se quedó dormido ¡De locos! Lo bueno es que con el segundo hijo uno se relaja y ya no haces tantos esfuerzos como hiciste con el primero; el segundo se duerme donde sea, porque no le queda de otra.

El silencio: Hablando de la siesta y el sueño, otra de las cosas que nadie te cuenta sobre la paternidad es la obsesión que te entra por el silencio cuando tus peques, por fin, se han quedado dormidos. Ese mágico momento en que nuestros hijos logran cerrar los ojos y entrar en fase REM es tan valioso y a veces cuesta tanto que nos volvemos maniáticos del silencio. Somos incapaces de abrir el grifo del lavabo, poner una lavadora o encender una tele, pensando que el más mínimo ruido puede despertar a aquella fiera y alterar ese día su rutina del sueño. La gente alrededor nos mira como si estuviésemos locos, como si no hubiese vida más allá de la siesta de nuestros hijos y hasta nos peleamos con familiares y amigos por considerarlos ruidosos. Es una de las manías que nos da a los padres primerizos y de la que nadie nos advierte. De hecho, nadie es capaz de advertirnos que si hacemos ruido no pasa nada, que esos niños tienen el sueño más pesado que un koala… eso también lo aprendemos con el paso del tiempo o cuando tenemos un segundo hijo.

Fobia a la cuna: cuando uno va a tener un hijo se esfuerza por elegir la mejor cuna, y las abuelas de la criatura que está por llegar te dicen constantemente que de colecho nada, que ni se nos ocurra dejar que el niño duerma con nosotros, que se acostumbran muy rápido y luego no hay quién los saque de ahí. Y uno asiente con la cabeza, asumiendo que tienen razón. Al final, mi mujer y yo no somos partidarios del colecho (OJO: el que lo practique, le respetamos, pero sencillamente es una práctica que no va con nosotros). Cuando #ElChiqui tenía unos 10 días de nacido, mi mujer y yo teníamos muchísimas inseguridades sobre todo lo que hacíamos o dejábamos de hacer ¿Algún papá primerizo que no haya pasado por lo mismo? Y yo sentía que aquel niño se la pasaba en brazos, de hecho, cuando le poníamos en su cuna, nunca se quedaba a gusto; él podía estar dormido en brazos sin problemas y al colocarle en la cuna, era como si a aquel colchón le saliesen espinas y él se despertaba. Preocupados por aquella situación, mi mujer decidió llamar a una amiga psicóloga a la que le tenía mucha confianza, para contarle la situación; después de echar todo el cuento, esa amiga le hizo una pregunta muy reveladora a mi mujer «¿Cuántos años es que tiene #ElChiqui?», al principio mi mujer se descolocó y le dijo, «¿Cómo que cuántos años tiene?, ¡Es un recién nacido, tiene 10 días!». En su misma respuesta, mi mujer comprendió la pregunta de su amiga. Amigos míos, nuestros bebés acaban de llegar a este mundo, vienen de pasar 9 meses en un ambiente cálido, con una temperatura controlada, una iluminación similar y unos sonidos regulados; luego salen de ahí, a un mundo demasiado grande, con mucho espacio, con un descontrol de temperatura y con un gentío cogiéndoles y mirándoles ¿Cómo no van a preferir estar en nuestros brazos? Nuestros bebés son muy pequeños para querer quedarse solos en una cuna fría, eso los desestabiliza y angustia. Además, uno también termina angustiándose, no solo por verles a ellos así, sino porque terminar no durmiendo nada, intentando que aquella diminuta criatura ame su cuna, mientras se hace de madrugada y nosotros sin poder pegar un ojo. A partir de ese momento, mi mujer y yo nos relajamos e hicimos lo que nos dio la gana, literalmente. Si queríamos coger a #ElChiqui en brazos lo hacíamos y si no, pues no lo hacíamos y lo hacía el otro. Nunca durmió en nuestra cama, no tuvimos la necesidad, pero nuestros dos hijos sólo hacían siesta en brazos hasta los 6 meses de edad; por las noches sí dormían en sus cunas, poco a poco fuimos entrenándoles y ayudándoles a dejar los brazos al momento de las siestas, y también les ayudamos a entrenarse en poder quedarse dormidos en cualquier lugar. Pero eso no se logra de inmediato, requiere mucho trabajo y mucho esfuerzo de nuestra parte. Pero de lo que sí estoy convencido es que al principio están muy pequeños para “acostumbrarse” a nada, así que no tenemos de qué preocuparnos. Además, si nos equivocamos, siempre habrá oportunidades futuras para arreglarlo, así que relax, que la fobia a la cuna se quita.

Y hasta aquí llegamos con la lista de hoy, en el próximo post más. Recordar que estoy leyendo vuestras aportaciones.

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